ContraPunto

"Rey de Reyes"

Benjamín Cuéllar (*) SAN SALVADOR - Ese es el título de una memorable película en sus dos versiones: la de 1927 y la de 1961. La primera “muda”, en “blanco y negro”; la segunda “hablada”, a “todo color”. Más allá de esas lógicas diferencias, cada una a su manera recrea la vida de Jesús de Nazareth; sobre todo, su última etapa. Para quienes andan entre las cinco y las seis décadas o más, vivían en las ciudades donde estaban los cines –el Central, el Roxy, el Capitol, el Deluxe y el Avenida, por citar algunos capitalinos– y podían pagar la entrada, quizás les diga mucho esta majestuosa producción del “celuloide” que hizo época junto a “Ben Hur, “El manto sagrado”, “Los diez mandamientos” y tantas otras filmaciones que –luego de su temporada en las salas privadas– se repetían una y otra vez en los canales de televisión cada Semana Santa. Hoy ya no se necesita comprar boleto o esperar la conmemoración anual de la pasión de Cristo, para recordar el nombre de esa épica obra del llamado “séptimo arte”.
Muchos de los locales donde se exhibió “Rey de reyes”, hoy se han convertido en templos; en la ciudad de San Salvador, allá por el Barrio San Jacinto, hasta hay una iglesia que se denomina así. Pero tampoco es preciso acudir a ese tabernáculo, para rememorar el nombre de la cinta aludida. ¿Por qué? Pues porque en el país existe algo más apropiado para eso. Cada ocho días se instala la sesión plenaria de la Asamblea Legislativa y, en medio de esa recurrente “puesta en escena”, no faltan las intervenciones públicas de quien se siente o parece sentirse ungido, predestinado, omnipotente, elocuente, sabio, hermoso y hasta simpático. Es todo un “Rey de reyes”.
Por el sitio que ahora ocupa este personaje han pasado mujeres y hombres, cada cual con sus características propias. Unas y otros han dado de qué hablar. Y no han sido pocos ni irrelevantes los motivos. Pero este se lleva el “Óscar”. Cual Soberano inmaculado e infalible, habló recientemente. “Habrá Corte Suprema de Justicia el domingo 1 de julio”, sentenció Su Señoría. Y si él lo dice, habrá independientemente de que se pase por encima de lo que sea y se arriegue tanto a futuro. De ser necesario, engalanará el Salón Azul para que sesionen extraordinariamente los príncipes y las princesas que lo ocupan desde el primer día de mayo de este año del Señor.
A la fecha, no se sabe si eso ocurrirá. De instalarse tal conclave excepcional para imponer “su” Corte, habrá que ver si Su Majestad convida a lo más granado de la nobleza guanaca para que asista a otro banquete como los que acostumbra organizar en los salones palaciegos, pletórico de manjares traídos de fuera y bebidas espirituosas también foráneas. Para que marqueses y marquesas, duques y duquesas, condes y condesas de estos lares la pasen mejor, podría amenizar el festejo real un juglar nativo de esta comarca pero impulsor de líricas extrañas y bailes exóticos surgidos allende nuestras fronteras; casualmente también se autodenomina “Rey”, pero en inglés.
A la plebe no le quedará más que acatar los dictados de Su Excelencia, porque según sus bufones  no se equivoca; mucho menos admite crítica alguna. Faltará ver qué migajas de pan y qué “selecta” función de circo contemporáneo le ofrece al populacho para calmar sus ánimos –si es que se le exaltan– y evitar que sea víctima de los manejos de quienes quedaron llorando y añorando sus privilegios, tras ser derrocados por la alternancia y el cambio que prometió el otro aunque no haya habido tal.
Y es que para el “Rey de reyes” la gente que habita las profundidades de su feudo no piensa; por tanto, se deja manipular por cualquiera y con cualquier argumento como –por ejemplo– el siguiente: “No nos sentimos satisfechos que esta elección se haya hecho con el mecanismo de la dispensa de trámite. No compartimos las valoraciones que se han hecho porque de por medio hay una votación popular que se ha ignorado”. Pero eso no lo dijo ningún acérrimo rival de la Corona. Lo dijo en el 2006 un importante miembro de la vigente realeza, segundo del otro en la actualidad y casi investido para competir por llegar a ser el primero en el 2014; lo dijo molesto cuando era el líder de la bancada roja en el Salón Azul y los tricolores hacían con las elecciones de “segundo grado” las mismas trampas que hoy condenan.

Para justificar su dictado absoluto, el “Rey de reyes” recurrió a otra Corte venida a menos que se dice regional y no la integran más que tres de los siete señoríos centroamericanos, que no tiene ni las competencias para intervenir ni el poder para hacer cumplir sus fallos y que –por tanto– nadie le hace caso. Pero no importa. Al fin y al cabo, en este Reino su palabra es la ley. Además, con una divina autoridad posada sobre la insensatez mundana, lo hace por una noble causa: salvar la Corte Suprema de Justicia, atrapada por cuatro magistrados cuya “necedad” imperdonable es hacer lo que no hicieron los Gutiérrez Castro y García Calderón, ahora asesores imperiales: cumplir lo que ordena la Constitución en su letra y en su espíritu.

Esos dos personajes nos recetaron sentencias impresentables y rechazaron recursos que bien pudieron contribuir a superar la impunidad y reducir la violencia, poniendo en su sitio a bárbaras tribus violentas vestidas de “verde olivo” y a otras de “marras” que se fueron fortaleciendo durante la posguerra, que asedian y riegan con sangre el terruño cuzcatleco más allá de sus “treguas”; esas tribus cuyos líderes hasta negocian con integrantes del séquito oficial.

Es entonces la hora de empezar a aprender de la historia, porque la bota autoritaria de la monarquía partidista –sea la dizque izquierda o la derecha– siempre oprimirá al pueblo. Y un pueblo desesperado por su mala calidad de vida pero con esperanza, avanza; pero uno en esas condiciones y sin esperanza, esa que le han querido robar tantos “encantadores de serpientes” y “duerme cobras”, estalla irremediablemente. Hay que encantar de nuevo a la plebe para que busque la esperanza donde se encuentra: abajo y adentro, entre el dolor y los anhelos de la gente. Hay que animarla para que se organice y defina hacia dónde necesita ir: hacia una paz cierta y sólida, asentada en la verdad y la justicia Porque de seguir por el rumbo que nos llevan unos y otros, no nos quedará más que encomendarnos al Crucificado. Es en serio, no nos va a ir quedando de otra.

 

(*) Columnista de ContraPunto

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